Mínimo estudio sobre la situación de las cárceles en México

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Para poder comprender el problema del sistema penitenciario en nuestro país es importante conocerlo en números, que aunque son meros datos cuantitativos, éstos nos darán una idea de los problemas que existen en los centros penitenciarios.

Se afirma que en México, poco más del 65 por ciento de las cárceles padece autogobierno, están sobrepobladas y no existe una política penitenciaria adecuada para enfrentar la problemática que las define,

Problemática

Los mayores problemas a que se enfrentan las cárceles en México son muy variados, dependiendo de que cárcel estemos hablando, sin embargo con base en estudios de campo, podemos afirmar que casi en su totalidad, los principales problemas de una cárcel son: la sobrepoblación; las condiciones de vida indignas e infrahumanas de los reclusos; un abuso de la prisión preventiva; una política contra las drogas que ha incrementado la población en las prisiones; una ausencia de políticas criminológicas integrales y una fuerte criminalización de la pobreza.

Así podemos afirmar que los países con mayor población penitenciaria en el mundo, en números absolutos, son Estados Unidos (con más de 2 millones de presos), México es el séptimo país en el mundo en cuanto a número de población penitenciaria, con poco más de 240 mil internos a fines de 2015, de los cuales 95 por ciento son hombres y 5 por ciento mujeres.

En el país existían antes de 2016, 423 centros penitenciarios, según cifras del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social.

El costo que el estado paga por un preso en una cárcel estatal es de 150 pesos por día, mientras en las prisiones que cuentan con inversión privada el costo es de alrededor de 2 mil pesos por día, porque se está pagando la construcción de esas prisiones y todos los servicios que esa inversión presta.

Muchas veces este régimen de participación con la inversión privada lo que ha implicado es el mayor aislamiento de los internos, entre otras cosas, porque es menos costoso, entre más aislados están hay menos posibilidades de que se rebelen, además de que llevar actividades a los centros, cuesta.

Panorama

Otra característica de las cárceles es la ausencia de rendición de cuentas, pues como las prisiones son instituciones que cumplen una función pública, deberían estar sujetas al escrutinio y rendir cuentas por sus resultados en función de sus objetivos.

Decimos entonces que otros factores que contribuyen al aumento de la población penitenciaria son: el endurecimiento de las penas; el incremento de delitos considerados graves y la duración de los procesos judiciales, además, se ha abusado de la pena de prisión preventiva.

Una gran parte de la población penitenciaria, se encuentra en proceso y no se les ha comprobado un delito, pero ya están en prisión. Lo que constituye un serio problema porque no solamente es costoso, desde el punto de vista económico, sino que tiene efectos sociales, pues se debe considerar que el preso no es una persona aislada, y estar en prisión lo afecta a él mismo, a toda su familia y, de cierta forma, a la comunidad de la que forma parte. 

Seguridad y autogobierno

En México, 65 por ciento de las prisiones padecen autogobierno, lo cual es otro problema gravísimo porque la autoridad no está ejerciendo el control y son bandas las que lo tienen, y a veces someten de manera cruel y violenta.

Entre 2009 y 2013 más de mil internos se fugaron de las prisiones en México, y alrededor de 600 perdieron la vida.

Gran parte de quienes se encuentran presos han cometido delitos menores; por ejemplo: en México 620 mil personas fueron detenidas en operativos contra el narcotráfico durante la administración del Licenciado Felipe Calderón H., sin embargo, cerca de 500 mil –más del 80 por ciento– fueron liberados por falta de pruebas.

 

Reclusorios en el Estado de México
Centro Federal de Readaptación Social
CEFERESO No. 1 El Altiplano  
Centros Preventivos de Readaptación Social
CPRS Cuautitlán CPRS Chalco
CPRS Ecatepec CPRS El Oro
CPRS Ixtlahuaca CPRS Jilotepec
CPRS Lerma CPRS Nezahualcóyotl Bordo Xochiaca
CPRS Otumba Penitenciaría Guillermo Colín Sánchez
CPRS Otumba Tepachico CPRS Temascaltepec
CPRS Santiaguito CPRS Tenancingo
CPRS Sultepec

CPRS Texcoco

CPRS Tenango del Valle

CPRS Tlalnepantla de Baz

CPRS Valle de Bravo CPRS Zumpango

 

 

Reclusorios en la CDMX
Reclusorio Preventivo Varonil Norte

 

Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Norte
Reclusorio Preventivo Varonil Oriente Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Oriente
Reclusorio Preventivo Varonil Sur Penitenciaría del Distrito Federal
Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (CEVAREPSI) Centro de Readaptación Social Varonil Santa Martha Acatitla (CERESOVA)
Reclusorios Femeniles
Centro Femenil de Readaptación Social Santa Martha Acatitla Centro Femenil de Readaptación Social Tepepan
Centro de Sanciones Administrativas
Centro de Sanciones Administrativas “Torito”

Salir de prisión: la otra condena 

En este comentario sobre la situación de las personas encarceladas a su salida de prisión, se exponen las principales necesidades del ex-recluso.  

El primer reto con el que se encuentra una persona al salir de prisión es luchar contra los efectos de la prisionización, entendida ésta como los efectos iatrogénicos y perniciosos que provoca la estancia en prisión y que son más intensos en función de muy diversos factores como por ejemplo:

  • El tiempo de estancia en prisión;
  • El régimen de vida al que haya estado sometido;
  • La edad de la persona encarcelada;
  • La existencia de apoyos personales y/o familiares fuera de la prisión;
  • La madurez psíquica de la persona así como su capacidad económica.

La cárcel ha supuesto un proceso de desidentificación personal y de reidentificación con valores y hábitos propios de la subcultura carcelaria que impone condiciones de vida anormalizadoras, característicos de una institución segregativa de exclusión social. La «clientela» habitual de la cárcel o, dicho de otro modo, la gran mayoría de las personas que son sancionadas con penas privativas de libertad, responden a un perfil sociológico bien definido.

Y esto es así porqué, entre el 70 % y 80 % de las personas encarceladas son reclutadas de entre los sectores socio-económicamente desfavorecidos, y están encarceladas por delitos menores contra la propiedad y contra la salud pública tales como robos y hurtos o tráfico a pequeña escala con drogas ilegalizadas.

Esto no quiere decir que la delincuencia sea patrimonio de la pobreza. Ni mucho menos. Tan sólo significa que en el proceso de selección de la delincuencia convencionalizada, en la construcción socio-penal del «problema del delito» podemos constatar la identificación de delincuencia, no sólo, pero si de un modo relevante, con pobreza.

Por lo tanto la existencia de problemas penales en los sectores sociales empobrecidos es una circunstancia que agrava aún más su situación objetiva y subjetiva de marginación social. Es una situación dura con grandes dificultades para la persona que ha pasado por prisión y que casi siempre se acompaña de un importante empobrecimiento y deterioro. No sólo se es pobre porque se entra y se sale sin dinero. Cuando se sale, la pobreza es además de ideas, de miras, de amigos. Es bastante frecuente salir con menos salud que se tenía al entrar. Es como si la condena no se limitase a privar de libertad; la condena debe enfermar al que pasa por una cárcel, debe quitarle la capacidad de comunicarse con otras personas, reducir al individuo hasta el punto que no se crea eso: individuo, persona, único, valioso, irrepetible.

La autoestima suele estar baja, muy baja, tan baja como para ver una montaña el mero hecho de acercarse a un oficial de policía, ni muchísimo menos para intentar plantearse una entrevista para buscar trabajo. Preguntar a alguien por una calle o por un autobús pasa inevitablemente por una mirada acompañada de miedo, culpa, y la inevitable pregunta: ¿se me notará que estuve allí?

La cárcel, palabra cada día más en desuso, se ocupa de enseñar el miedo, inculcar muy adentro la idea de que el castigo es lo que merecías y mereces, que poco bueno se puede esperar de ti, ¡nada más falso que eso!

Preparando la Salida

El apoyo a las personas excarceladas, tiene sentido desde la perspectiva no de considerar la cárcel como un espacio resocializador, sino por el contrario como un lugar donde la desocialización y pérdida de sentido de la realidad exterior necesita de mecanismos y apoyo humano exterior que contribuya a que la salida de prisión no sea en unas condiciones donde el abandono, la falta de ayuda y, en definitiva, el choque que supone la salida, siembren la semilla de un nuevo ingreso en prisión debido a la comisión de nuevos delitos.

Es importante además tener certificados y títulos de cursos, actividades, etc.

Además, si se ha seguido un tratamiento que se necesita mantener fuera, es necesario pedir al médico los informes que facilitarán los trámites en el centro de salud u hospital. Lo mismo si se padece enfermedad crónica, para facilitar la tramitación de una minusvalía y posible pensión no contributiva. Por último también es importante recoger toda información o direcciones que se hayan conseguido durante el internamiento y que puedan ser útiles fuera.

Necesidades básicas de las personas excarceladas

En el momento de salir de prisión, tres necesidades son imprescindibles para disponer de  las garantías mínimas de reintegración social. Estas tres cuestiones son fundamentales como indicadores de la situación personal y social que se va a encontrar la persona excarcelada:

  1. Tener a alguien esperándole a la salida (familia, pareja, amigos…);
  2. Disponer de una vivienda donde residir; y
  3. Tener un trabajo para ganarse la vida por medios legales.

Las necesidades mayoritarias con vistas a la reinserción social, como condiciones imprescindibles para que el componente que ha sido acusado o sentenciado a una pena privativa de libertad no vuelva a reingresar en prisión, son las siguientes:

  • Necesidad de un trabajo: un trabajo que le aporte una estabilidad e independencia económica y una ocupación productiva.
  • Alguien con quien compartir su vida: es decir, tener la posibilidad de constituir una familia adquirida o simplemente establecer lazos afectivos estables y consistentes que contribuyan a su equilibrio psico-afectivo.
  • Necesidad económica: se refiere a la posibilidad de disponer de bienes y servicios para atender necesidades materiales básicas.
  • Apoyo familiar: supone el reforzamiento de los lazos con los miembros de su hogar ante las situaciones de desvinculación y conflicto que han deteriorado la vida familiar como núcleo de pertenencia y de referencia primario.
  • Dejar la droga: entendiendo por tal la deshabituación en el consumo y dependencia de las llamadas drogas duras (piedra, cocaína, etc.) y del alcohol.
  • Cambiar de grupo de relaciones primarias no familiares: hace referencia a la inclusión en círculos de relación donde priman el tipo de actividades cotidianas vinculadas a la actividad delictiva o paradelictiva y al consumo de drogas (colegas drogodependientes, camellos, socios de «trabajos», etc.).
  • Alguien que le ayude a reconstruir su vida: supone la necesidad de un apoyo personal, profesional o institucional mediante un tratamiento (educativo, médico, ocupacional, sicológico…) con vistas a llevar un programa integral rehabilitador que incida en la transformación de las coordenadas personales y sociales en las que se desarrolla su vida actual.

Las necesidades de primer orden para hacer efectivo el proceso de reinserción social, son fundamentalmente tres:

Primero: la reintegración laboral es la necesidad más importante, vinculada a la posibilidad de desarrollar un trabajo estable, y de reunir previamente para ello las condiciones necesarias para hacerlo posible: disposición y expectativas de trabajar, entrenamiento y experiencia laboral, cualificación técnica y formación académica o profesional.

Segundo: la recomposición familiar, manifestada como necesidad de apoyo familiar. Las propias familias consideran necesario el apoyo familiar, bien por ser inexistente, habiéndose deteriorado las relaciones en el hogar, bien por considerar necesario un reforzamiento de los lazos dado que éstos se han debilitado durante el tiempo en que ha permanecido un familiar recluido.

Tercero: el tratamiento socio-sanitario, relacionado con la necesidad de dejar las drogas, problema que afecta a las dos terceras partes de las familias. Supone una especial preocupación por la realidad específica de drogodependencias que afecta aproximadamente a las dos terceras partes de personas sobre las que recae la sanción privativa de libertad.

Formas de desarraigo social

El proceso de reintegración social va a depender directamente del grado y formas de desarraigo social que se presenten en la vida del individuo. Ya hemos definido y caracterizado éstas en el apartado anterior, pero aún nos resta precisar la medida y evolución de éstas dificultades, consideradas hasta el momento de forma aislada. Se presentan en los mismos individuos y familias, y por tanto son además dificultades acumuladas.

Lógicamente, a medida que un sujeto esté afectado por una sola de estas necesidades (trabajo, dejar las drogas…) su proceso de reintegración será más fácil y su nivel de desarraigo menor. Por el contrario, una persona que presenta todas las necesidades y por tanto problemáticas apuntadas, presentará un alto grado de desarraigo social; su proceso de reintegración será mucho más difícil, puesto que tanto su situación actual como las condiciones objetivas necesarias para la normalización de su vida social, son muy desfavorables.

Podemos distinguir diversos grados de acumulación de necesidades que inciden en la posibilidad o no de reintegración al salir de prisión:

  • Sin dificultades exógenas para la reintegración. La de aquellas familias que a la salida de prisión de su familiar excarcelado se encuentran en condiciones objetivas óptimas para su reintegración: sin problema de drogodependencia, sin conflictos graves en el hogar, con un relativo equilibrio afectivo con el excarcelado, etc.

Estas personas únicamente tendrán que afrontar los problemas derivados de los efectos nocivos de la estancia en prisión (imagen social, choque psicológico que produce la salida, readaptación ambiental del familiar liberado…

  • Condiciones favorables para la reintegración. Nos referimos a aquellas personas que a la salida de la prisión únicamente están afectadas por una de las distintas situaciones problemáticas arriba consideradas; consecuentemente esto significa que las posibilidades para neutralizar y atender esa necesidad específica sean mucho mayores.
  • Condiciones desfavorables para la reintegración. Hemos tipificado en este apartado a aquellas familias del excarcelado donde se presentan de forma acumulada tres situaciones problemáticas. En este sentido, suele ser frecuente que existan conjuntamente problemas de reintegración laboral, recomposición familiar o tratamiento socio-sanitario.
  • Condiciones muy desfavorables para la reintegración. Cuando presentan al salir de prisión un alto grado de acumulación de necesidades, las personas excarceladas se ven afectados por varios problemas debido en especial, a la presencia de una gran multiplicidad de factores de desarraigo.

Las situaciones más frecuentes son las dificultades de trabajo, de apoyo familiar, drogodependencias y los problemas afectivos o de relaciones primarias.

Podemos sugerir que la aplicación reiterativa de penas de prisión, incide negativamente en las posibilidades o condiciones objetivas necesarias para la reintegración social, siendo la privación temporal de la vida social en el exterior un factor de desarraigo a la salida.

Desarraigo a la salida de prisión

Todos los factores condicionantes anteriormente apuntados provocan la falta de posibilidades reales de realizar una actividad laboral a la salida de prisión y, además, van creando en la persona una serie de predisposiciones y actitudes subjetivas contrarias a su integración laboral.

Estas se caracterizan por la progresiva pérdida de expectativas de encontrar un trabajo y de disposición a realizar estudios académicos o de formación profesional.

La situación laboral del exreo, viene determinada por una fuerte inestabilidad personal y social; la estancia en prisión lo ha sometido a una forma de ser tal que, en cierta forma, lo incapacita para asumir una disciplina laboral con regularidad y una débil búsqueda personal de seguridad a través de la misma actividad laboral.

Las predisposiciones influyen en gran medida en la falta de experiencia normalizada de trabajo estable que, según se cronifica, es un elemento crucial de reproducción de la delincuencia, pues trae consigo, como forma de vida, la introducción, o si ya participaba, la inclusión cada vez mayor en las redes de economía marginal de tipo delictivo.

Nuevamente la implicación en actividades ilegales perseguidas por la maquinaria del control formal y, más específicamente, el carácter selectivo de la persecución policial y penal, que controla especialmente a aquellos sujetos con ficha y antecedentes policiales y penales, contribuye a que estos jóvenes sean reabsorbidos una y otra vez por los sistemas del control policial y penal y, en consecuencia, reingresen en prisión. Los aparatos de control social directamente coercitivos, consiguen además inculcar al sujeto el rol social de “delincuente” mediante las modernas técnicas propias de la aplicación de las teorías conductistas en la organización de los sistemas de control, de entre los que destaca la prisión.

Alternativas

En la opinión de quien esto escribe, existen elementos que se deben privilegiar en la reinserción de un delincuente, como son:

  1. Se debe implementar una política criminal sólida, establecida por el Estado.

  1. Se debe reducir al mínimo, el uso excesivo y desproporcionado de la pena de prisión preventiva y revisar los códigos penales para hacer uso racional;

  1. El estado debe recuperar el control de las prisiones;

  1. Se debe invertir en mejorar y dignificar la calidad de vida de los custodios.

  1. La Federación debe diseñar un sistema penitenciario con normas, procedimientos, estándares y programas de atención homogéneos, que abarque a toda la Nación.

  1. Se debe situar a los internos en los centros más cercanos a su domicilio porque esto incrementa sus posibilidades de reinserción;

  1. Se deben facilitar las visitas familiares proporcionándoles un trato digno; y

  1. Se deben exigir el desarrollo de actividades laborales, educativas, deportivas y culturales.

 

BIBLIOGRAFIA

 

BONAL, R. “La situación social del ex-recluso. Problemática de la reinserción”, Terceras Jornadas Penitenciarias Andaluzas, 1985, Junta de Andalucía, Consejería de Gobernación, Granada.

COHEN, S. “Visiones de Control Social”, 1988, PPU, Barcelona.

DE LA CUESTA ARZAMENDI, J. L. “Respetar los Derechos Humanos de los Presos: un camino hacia la transformación de la cárcel. El derecho de los presos al trabajo y a la seguridad social”, Jornadas sobre Alternativas a la cárcel, 1989, Asociación «Salhaketa», Vitoria.

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GOFFMAN, E. “Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales”, 1984, Amorrortu.

MENDEZ, PAZ Lenin. “Derecho Penitenciario”, Editorial Oxford University Press, año 2008, páginas 317.

MANZANOS, C. “Cárcel y Marginación social”, 1991, Gakoa, San Sebastián.

MELOSSI, D. Y PAVARINI, M. “Cárcel y Fábrica. Los orígenes del Sistema Penitenciario (siglos XVI-XIX)”, 1987, Siglo XXI, México.

BIBLIOGRAFÍA  ELECTRÓNICA

https://penitenciario.cdmx.gob.mx/poblacion-penitenciaria