¿Aceptar o rechazar? Lo que debes hacer cuando un cliente llega tras dejar a su abogado

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A lo largo de nuestra carrera, todos los abogados enfrentamos la visita de un cliente que llega a nuestro despacho después de haber terminado, en malos términos, con su abogado anterior. Algunos incluso llegan tras haber pasado por varios despachos en un verdadero “peregrinaje jurídico”.

En estos casos, no es extraño que el cliente se muestre desencantado, frustrado e incluso hostil hacia la figura del abogado. Esa actitud puede ser justificada o no, pero nos obliga a encender las redflags: quizá estemos frente a un cliente complejo. La clave está en analizar con calma la situación, decidir si conviene aceptar el encargo y, de hacerlo, establecer límites muy claros desde el inicio.

Escuchar sin emitir juicios

Lo primero que suele hacer el cliente es criticar abiertamente a su abogado anterior: que no le atendió, que fue negligente, que le engañó, que no se interesó por el caso, incluso imputaciones de faltas éticas o conductas delictivas. En ese momento, el nuevo abogado debe tener especial cuidado.

La recomendación es escuchar sin interrumpir y sin validar esas acusaciones. No se trata de confrontar al cliente, pero tampoco de sumarse a sus críticas. Emitir un juicio apresurado, sin conocer el expediente ni haber escuchado al colega involucrado, sería injusto y poco profesional.

El Código de Ética de nuestra profesión en México es claro: los abogados debemos mantener respeto mutuo y lealtad recíproca entre colegas. La competitividad es legítima, pero nunca debe traducirse en descalificación fácil. Nuestra obligación es mostrar compañerismo y preservar la dignidad de la abogacía en su conjunto.

No confiar ciegamente en la “verdad” del cliente

El error más grave sería creer de inmediato todo lo que dice el cliente y alinearnos con su visión. Sin saberlo, podemos estar participando en una injusticia contra un colega que quizá enfrentó las mismas actitudes difíciles de ese mismo cliente.

Esto no significa que el cliente siempre esté equivocado. Es verdad que existen casos de malas prácticas en la abogacía. Pero la prudencia exige mantener duda razonable, verificar la información y no convertirnos en juez de un colega sin elementos objetivos.

El tema de la venia y la transición

En México, cuando se cambia de abogado dentro de un mismo juicio, suele ser necesaria la venia profesional para continuar con el expediente. Este trámite no es un simple formalismo: es una oportunidad de contactar al colega saliente, escuchar su versión y acceder a información que puede ser relevante para evitar sorpresas procesales.

Además, tramitar la venia con respeto fortalece el principio de cortesía profesional. No es raro que de esa comunicación descubramos que el problema no era negligencia, sino expectativas poco realistas del cliente o problemas ajenos al proceso.

Establecer límites claros desde el inicio

Si decidimos aceptar el asunto, es imprescindible delimitar desde el principio la relación con el nuevo cliente:

  • Dejar claro que no asumimos responsabilidad por lo que ocurrió en el pasado.
  • Establecer por escrito los términos del nuevo contrato de prestación de servicios.
  • Precisar honorarios, alcances, plazos de comunicación y reglas de trabajo.
  • Explicar que nos centraremos en la situación actual y futura, no en juzgar lo anterior.

Este marco da seguridad al abogado y realismo al cliente, evitando que se repita la historia de conflictos con otros despachos.

Decidir si conviene aceptar o rechazar el caso

No todos los clientes que llegan tras haber dejado a otro abogado deben ser aceptados. Algunos traen consigo actitudes problemáticas, expectativas imposibles o conflictos personales que terminarán desgastando al abogado. En ocasiones, lo más sano —para ambas partes— es declinar el asunto con respeto y recomendar otro profesional.

Aceptar ciegamente un caso con un cliente difícil puede afectar nuestra salud emocional, la eficiencia del despacho y la calidad del servicio.

Recibir a un cliente que ha dejado a su abogado anterior es una situación delicada, pero frecuente en la práctica. Nuestra tarea es escuchar con respeto, no emitir juicios precipitados, tramitar correctamente la venia, valorar si conviene aceptar el caso y, en su caso, establecer límites claros en la relación profesional.

Al actuar así cumplimos con dos obligaciones fundamentales: proteger los intereses del cliente de manera seria y objetiva, y al mismo tiempo preservar la dignidad y el compañerismo que distinguen a la abogacía en México.

Porque un abogado profesional no se mide solo por las victorias judiciales, sino también por la prudencia y ética con la que maneja estas situaciones